Rol del estado en la pandemia

El Prof. Fabián Velasco en un momento familiar.

Fabián Velasco (*)

Casi como un retoño de la historia, la pandemia demuestra –un vez más- que sólo el Estado puede hacerse cargo del cuidado poblacional en las emergencias. Efectivamente es así, y la situación ha sido elocuente. Por unas semanas, los adulones del mercado callaron desde la impotencia: se habían quedado sin discurso. Esta primacía del Estado, está lejos de implicar que hayamos vuelto a una condición previa a la globalización: el mercado sigue atravesando fronteras y arrasando soberanías nacionales.

Pero sin dudas que a la hora de la salud pública y del “vida o muerte”, el mercado muestra su cara atroz de descuido e indiferencia, de repetición automática de la ganancia como único norte. El Estado, aún golpeado por las políticas neoliberales de tantos años, exhibe en todo caso su necesidad y pertinencia, y de ello seguramente quedará rastro y memoria para el futuro inmediato de nuestros pueblos.

Pero a no exagerar, que ya el libremercadismo ha organizado su respuesta. Apenas aparecieron las necesarias consecuencias recesivas del obligado encierro colectivo, los profetas y voceros del establishment económico recogieron el guante y lanzaron la idea de que “se ha abandonado la economía”. Periodistas lascivos muestran números de “cómo han bajado los índices económicos”. Obvio ¿verdad? Tan elocuentes como cuando afirmamos (y de esto en Concordia sabemos bastante), que en las inundaciones nos mojamos.

Pero ellos lo presentan como fruto de un “descuido” de las autoridades estatales. “Se ocupan de la salud, pero no de la economía, y ésta, a largo plazo, es más importante”, peroran. Ya tienen el discurso para cuando la pandemia sea recuerdo. Con la inevitable baja de la economía –gran ocasión para repensar el futuro de la Humanidad-, los libremercadistas, atentos a su propio interés, repetirán que “la culpa ha sido de los gobiernos, que privilegiaron la salud”. Estaremos mal, entonces, porque no se atendió a la economía lo suficiente, según estos ventrílocuos del capital concentrado. El error a medias es más insidioso que la falsedad. O sea que es cierto que, en algún nivel, la economía sirve también para sostener la salud colectiva. Por supuesto, esto se cumple a medias si no estamos en una organización solidaria de lo económico (solidaridad que se pone a prueba en momentos de emergencia, haciendo evidente la reproducción ampliada del egoísmo privatista). Mientras se mantenga la “acéfala” consumación del capitalismo, la pretendida necesidad de mover la palanca económica será sólo el pretexto de los de arriba para sostener su abundante tasa de ganancia.

Asistimos acaso impávidos al “mensaje lacónico” de los medios de comunicación masivos y hegemónicos, que el Estado está incapacitado de generar la reactivación económica post- pandemia esperada y necesaria. Como si todo fuera tan fácil y además gratuito. Parecen no entender que en la economía todo tiene costo. Todo. La discusión de fondo en todo caso, está en saber quién asume el pago.

Desde ya que resulta imperioso la capacidad de reacción de un Estado presente, ágil, que asuma sobre sus hombros la decisión política de levantar un país que ha quedado dañado en dimensiones claves: salud, social, sanitaria, económica, sociológica, etc. y además resulta esperable y deseable que sea con un criterio de mayor equidad social, con políticas públicas activas que prioricen la recomposición del tejido social y productivo.

Sin embargo se advierte preocupante dualidad de parte de los personeros del establishment (los mismos de siempre), que histórica y políticamente se manifestaron en contra de los Estados presentes, con las intervenciones del Estado en sectores claves de la economía. Son los mismos que desfinanciaron los sistemas de Salud (y ahora padecemos la falta de inversión pública en hospitales); que ajustaron los presupuestos educativos (y ahora exigen que los docentes impartan clases desde sus casas, con internet y computadoras personales que pagan de sus magros salarios), y acaso pretenden la misma “normalidad” en el proceso de aprendizaje; son los mismos que reclaman por mantener su tasa de ganancia a pesar de la pandemia y hacen negocios con el Estado vendiendo con sobreprecios.

Esos mismos personeros que defenestraron a gobiernos por sus políticas inclusivas, no se privan de ninguna manera de utilizar los paliativos del estado. A eso refiere la dualidad mencionada en estas líneas habida cuenta que las empresas hegemónicas también han hecho uso de los distintos mecanismos que el gobierno puso a disposición de las empresas: ATP –asistencia al trabajo y la producción-, créditos a tasa cero, salarios complementarios, prórrogas al pago de las leyes sociales, entre otras.

Es cierto que aun con las medidas adoptadas, no se puede pretender la recuperación inmediata de una economía paralizada (por la pandemia mundial) y no por la cuarentena (decretada como consecuencia de) y dispuesta por el Presidente A. Fernández.

No comprender que la economía tiene un largo proceso –años- para recuperarse de semejante caída es desconocer el funcionamiento del sistema económico.

Por eso habrá que discutir qué rol deberá cumplir el Estado, con las mejores expectativas de una nueva forma de relaciones sociales y económicas, con un proyecto colectivo basado en la producción, el trabajo, la igualdad y la solidaridad.

Hay que saber bien de qué lado está cada uno, de donde viene y que intereses representa, para no perderse en el camino de la recuperación post-pandemia.

(*)Contador Público- Docente

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1 Respuesta

  1. Monica dice:

    Cuantas verdades!!!

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