El Banco de Germoplasma de Concordia: una joya estratégica en riesgo por la reestructuración del INTA

La reestructuración del INTA, oficializada por el gobierno de Javier Milei a través del Decreto 462/2025, ha desatado un profundo debate en el sector agropecuario. La medida, que elimina la autarquía del organismo y disuelve el Instituto Nacional de Semillas (INASE), es presentada por el Ejecutivo como una modernización necesaria para ganar eficiencia, pero es vista por productores, científicos y dirigentes opositores como un “desguace” que amenaza décadas de desarrollo científico y pone en jaque a las economías regionales.
La reestructuración del INTA impulsada por el ministro de Transformación y Desregulación del Estado, Federico Sturzenegger, y formalizada por el presidente Javier Milei, modifica de raíz el funcionamiento del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria. A partir de ahora, el organismo, creado en 1956, deja de ser un ente autárquico con capacidad de gestión propia de su presupuesto y pasa a ser un organismo desconcentrado, dependiente del Ministerio de Economía.
El Gobierno justifica la decisión argumentando un “sobredimensionamiento de su estructura”, citando un informe de la Sindicatura General de la Nación (SIGEN) de 2023 que advertía sobre deficiencias administrativas y falta de control. Con la reforma, se busca “direccionar las políticas de desarrollo tecnológico” y fortalecer la “efectividad y adaptabilidad” del instituto.
Sin embargo, la medida ha generado un fuerte rechazo. Desde la Federación Agraria de Entre Ríos, el director Matías Martiarena calificó la decisión como “un grave error”. “De ahora en adelante, cualquier desarrollo o investigación deberá pedir permiso al Ministerio de Economía, lo que ralentiza todo el proceso científico y técnico”, advirtió.
La reforma beneficia principalmente al poder central del Gobierno, que ahora tendrá control directo sobre los fondos y las líneas de investigación del INTA. En la nueva estructura, el presidente del organismo, cargo en el que fue ratificado Nicolás Bronzovich, tendrá poder de decisión total. El anterior Consejo Directivo, donde participaban activamente las entidades de productores y las universidades, es reemplazado por un Consejo Técnico “ad-honorem” con un rol meramente de asesoramiento, disminuyendo drásticamente la influencia del sector privado y académico en la toma de decisiones.
Por otro lado, los perjudicados son múltiples. En primer lugar, los pequeños y medianos productores, representados por entidades como Federación Agraria y Bases Federadas, que pierden un canal de representación directa y temen que el INTA se oriente a un “modelo agropecuario extractivista, de monocultivo, híper concentrado”, abandonando líneas de trabajo claves para la agricultura familiar y las economías regionales.
El sistema científico-tecnológico en su conjunto también se ve afectado, ya que la pérdida de autonomía financiera y administrativa representa un golpe a la planificación a largo plazo, esencial para la investigación.
El Banco de Germoplasma de Concordia: Una joya estratégica en riesgo por la reestructuración del INTA

Uno de los ejemplos más claros del riesgo que implica esta reforma se encuentra en Concordia, Entre Ríos. Allí funciona el Banco de Germoplasma de Variedades Cítricas Comerciales Saneadas de la Estación Experimental Agropecuaria (EEA) del INTA, un patrimonio genético invaluable para el país.
Este banco, laboratorio oficial de INTA habilitado por el ahora disuelto INASE, resguarda más de 200 variedades cítricas saneadas, libres de virus y bacterias. Su trabajo es la base del Programa Nacional de Certificación de Cítricos, garantizando que los viveros de todo el país produzcan plantas sanas, lo que previene la propagación de enfermedades devastadoras y asegura la productividad y calidad de la citricultura argentina.
La decisión del gobierno nacional afecta a este centro estratégico de dos maneras críticas:
- Pérdida de Autonomía: Al depender directamente de las directivas y el presupuesto del Ministerio de Economía, el banco enfrenta la incertidumbre de la burocracia y la posible falta de fondos para mantener sus rigurosos y constantes controles sanitarios y genéticos. “Todo esto ahora dependerá del esfuerzo del productor para sostenerse”, lamentó Martiarena.
- Disolución de INASE: El INASE era el socio institucional clave del Banco de Germoplasma, ya que fiscalizaba y validaba el programa de certificación. Su desaparición y la absorción de sus funciones por parte de la Secretaría de Agricultura generan un vacío y una gran incertidumbre sobre cómo continuará el sistema de certificación, pilar de la sanidad citrícola.
Un Estado más chico, un mercado más desregulado
La reforma se completa con la disolución del Instituto Nacional de Semillas (INASE), cuyas funciones, incluido el poder de policía sobre la Ley de Semillas y el registro de propiedad intelectual de cultivares, pasarán a la órbita de la Secretaría de Agricultura. Martiarena advirtió que esto “va a generar una complicación adicional en lo relacionado con la propiedad intelectual”, dejando a los productores más expuestos a las “presiones de mercados extranjeros”.
Mientras, el Consejo Agroindustrial Argentino (CAA) expresó un cauto apoyo a la reforma, viéndola como una “oportunidad de mejora para lograr un Estado eficiente”, insistió en la necesidad de mecanismos de “rendición de cuentas” y una real articulación público-privada. En contraste, el ministro de Desarrollo Agrario bonaerense, Javier Rodríguez, afirmó que “el decreto de Milei viene a destruir el INTA” y lo enmarcó en un “ataque a todo el sistema científico”. Desde Bases Federadas fueron más allá, declarándose en “alerta y movilización” y llamando a los legisladores a no avalar lo que consideran un “intento de vaciamiento”. La pugna entre un Estado que busca centralizar el control en nombre de la eficiencia y un sector que defiende la autonomía científica y la representación federal acaba de comenzar.


